Un niño y una niña no son dos niños.
Una niña no es el femenino de un niño.
Una niña cuidando a un niño no es una madre.
Un niño que crece no es un juguete.
Un niño que roba para comer no es un delincuente.
Un niño preso es una acusación para nuestra pretendida humanidad.
Un revólver de plástico no es un juguete, sigue siendo un revólver.
Una niña anoréxica no es una barbie.
Un niño o una niña desnutridos son un grito que no calla nunca. Nunca.
Un niño o una niña golpeados son nuestros sueños lastimados.
Una niña que prostituyen no es una prostituta. Es una víctima del abuso sexual. Una víctima también de nuestra indiferencia.
Un niño que trabaja no es un trabajador. Es una víctima más de la sociedad consumista.
Un niño que golpea a una niña, no es una sorpresa. Puede que repitala antigua historia que aprendió de padres, abuelos o bisabuelos.
El maltrato hacia la mujer es tan antiguo como el patriarcado.
Debemos pensar sobre los roles que han servido de modelo en la educación de niños y niñas.
Resulta un poco complejo y no podemos comprenderla del todo, pero tras meditarlo, parece que ha quedado más claro. Cada uno de nosotros somos una persona única, diferente e irrepetible, con nuestros propios sentimientos, sueños e ilusiones, y que tenemos derecho a expresarlos y vivirlos, pero también tenemos el deber de respetar los sentimientos, sueño e ilusiones de los demás. Solo así podremos convertirnos en PERSONAS adultas que vivan en paz y se respeten.
Ahora pensar...que los hombres pueden llorar y las mujeres también.

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