La publicidad y esa estética tan moderna que, por momentos la invade quieren pretender, la mayoría de las veces, justificar lo injustificable. No se puede quitar importancia a algo tan sangrante como la violencia contra las mujeres, ninguna mujer debería permitir que utilicen su imagen de manera tan perversa y, ningún hombre debería tolerar ser cómplice de semejantes campañas publicitarias. Y lo preocupante es que hacemos partícipes a nuestros niñas y niños de la visualización de este tipo de anuncios.
Por favor, que las grandes firmas se den cuenta del daño que se está haciendo.
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